Empresarias Senegalesas

Animada por la buena acogida del post de Teresa Agudo sobre Senegal, continúo en esa senda de acercamiento a un país no muy lejano, del que sólo nos separan cuatro horas de avión, aunque su realidad, marcada por la pobreza, presenta características culturales, sociales y políticas muy diferentes.

Invitadas por el grupo solidario “Entre mujeres” de Madrid, las responsables del Proyecto Páginas Violeta nos desplazamos a San Luís, ciudad del norte de Senegal, a fin de conocer el proyecto “Formación, autoempleo y cuidados de salud para el empoderamiento de las mujeres” que desde 2004 se está llevando a cabo.

Es difícil describir lo que vimos, oímos y conocimos, y es aún más impactante comprobar cómo la concesión de microcréditos – en el más estricto sentido del término, ya que en algunos casos se trataba de setenta o setenta y cinco euros- había cambiado la realidad de unas personas que estaban por debajo del umbral de la pobreza.

¿Podemos llamar empresarias a mujeres cuyo trabajo consiste, por ejemplo, en comprar y vender unos kilos de pescado? Consulto una enciclopedia y encuentro que una empresa es “una acción ardua y dificultosa que valerosamente se emprende” y que, entre otras características, tiene el que la persona que impulsa el proyecto es la que organiza, asume riesgos y es responsable de la actividad. Y pienso que sí, que podemos hablar de “microempresas” cuyas responsables, con su esfuerzo y tesón, sostienen a muchas familias.

Tuvimos el privilegio de asistir a un encuentro de trabajo y conocer, en vivo y en directo, qué proyectos habían sido aprobados y cómo se habían gestionado: adquisición de máquinas de coser, compra de gallinas, cordero o cabras, instalación de una peluquería… Cada historia tiene detrás un proceso de superación, de lucha, de esperanza… De entre todos los relatos, cito el de Fadiagne, la presidenta, que ha salido del analfabetismo y la pobreza extrema gracias a tres microcréditos: el primero le proporcionó una mínima solvencia económica para comprar al contado pescado, tras ser evaluada positivamente su gestión, consiguió un nuevo préstamo para adquirir un congelador a fin de fabricar cubitos de hielo y mejorar la conservación de su producto; el destino del tercer y último microcrédito fue para habilitar un pequeño corral y criar cuatro ovejas que esperaba vender a buen precio. Resultado: ella y su familia viven dignamente.

Paralelamente, esta mujer asistió a cursos de alfabetización, informática y francés, organizados por el propio colectivo, y hoy maneja su ordenador con destreza, es capaz de comunicarse y gestionar con eficacia el proyecto “Jigeen ak Jigeen” (Entre mujeres en Wolof). El pasado mes de diciembre alquilaron un local en el barrio de La Leona para llevar a cabo con mayor eficacia sus programas de salud y formación; en una sala con un austero material consistente en una pizarra, un armario, sillas y mesas, se imparten las clases de alfabetización. Gracias al impulso y la motivación del grupo, algunas mujeres han logrado sacar sus diplomas en el Instituto Cultural Francés, hay que aclarar que el francés es el idioma oficial de Senegal aunque la mayoría hablawolof. Desarrollan, además, otras acciones formativas como la fabricación jabón, el cultivo de microhuertas, informática y gestión de pequeñas empresa.

El otro espacio del local alquilado se ha habilitado como dispensario, en el que una vez a la semana se pasa consulta y se proporcionan medicamentos de forma gratuita, paliando de esta forma las carencias del sistema sanitario. Un efecto indirecto de todas estas actividades, es que ahora se han convertido en un claro referente de su entorno e incluso se las llama para dirigir grupos comunitarios de salud. ¿Cómo se sufraga la prestación médico-sanitaria? La devolución de los microcréditos incluye un 4% de interés destinado específicamente a hacer frente a estos gastos.

Estos proyectos se llevan a cabo gracias al buen hacer, el impulso y la solidaridad de un grupo de mujeres madrileñas: Pilar Blanco, Trinidad Gimeno, Paloma Rovira, Carola Badomero y Pilar Isidro, que muestran y demuestran que otro mundo, mejor, es posible.

Teresa Alba

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