LA CRISIS Y LA FINANCIACIÓN COLECTIVA

Por Teresa Alba

Si hubiera que elegir la palabra más representativa de la situación actual, a nivel internacional, saldría por unanimidad crisis. Para bien, y sobre todo para mal, esta palabra y sus “efectos colaterales” acaparan la atención en todos los ámbitos de la vida -política, económica, cultural, educativa, social…- y según parece, nos va a acompañar aún durante mucho tiempo.

Esta pandemia devastadora tiene consecuencias visibles en la banca y en los grandes sectores de la construcción, la industria, el comercio y un largo etcétera, sin embargo, hay otras muchas secuelas que no aparecen públicamente y son innumerables, como es el caso de las pequeñas y medianas empresas y las denominadas “micropymes” que tienen que cerrar tras luchar infructuosamente por su supervivencia. Desaparecen empresas que constituyen el fruto de toda una vida de trabajo y de sacrificio o que representan el esfuerzo de varias generaciones.

Detrás de cada caso se esconden tragedias humanas, rostros anónimos que tienen que hacer frente a deudas contraídas, salarios, hipotecas, seguros sociales. Las personas asalariadas, por su parte, se ven abocadas al paro, a la búsqueda de un nuevo empleo, que dadas las actuales circunstancias, resulta algo casi imposible de conseguir. En algunas situaciones límite la desesperanza desemboca en una desesperación tal que como se puso de manifiesto en un reportaje publicado en “El País” el pasado 16 de septiembre “un reciente estudio de la revista científica “The Lancet” vincula la recesión económica de 2008 con el aumento de suicidios en la Unión Europea.”

Otro ámbito de invisibilidad y del que probablemente la sociedad no sea consciente, es el impacto de la crisis en las asociaciones y otras entidades sin ánimo de lucro que ven mermados sus recursos, que no pueden continuar su labor por falta de de un presupuesto mínimo, de modo que la sociedad civil organizada, imprescindible en el normal funcionamiento de la democracia, pierde fuerza y peso dado que muchas entidades tampoco pueden sobrevivir ni cumplir sus objetivos.

Crowdfunding o financiación colectiva

Esta palabra inglesa puede traducirse igualmente por “micromecenazgo” y es una estrategia para conseguir fondos y recursos a través de las redes sociales, a fin de financiar iniciativas que de otra forma serían inviables.

El crowdfunding se ha usado para apoyar a artistas, editar libros e incluso en la industria cinematográfica; en España el corto “El cosmonauta” fue el primer proyecto que se sirvió de esta fórmula para recibir donaciones- a partir de dos euros – apoyándose en las redes sociales y en las tecnologías de micropagos, ¿la recompensa? aparecer en los agradecimientos finales de la película.

La financiación colectiva, nacida del apoyo y la solidaridad, puede ser la respuesta para impulsar ideas innovadoras, creativas, para apoyar de forma altruista proyectos de interés social o cultural impidiendo que desaparezcan por falta de medios económicos.

Renovarse…o morir puede ser, una vez más, la cuestión…

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