La fuerza del optimismo

Por Teresa Alba

Hace unos días, en una cena, y ante el derrotero que tomaba la conversación con el inevitable y monotemático asunto de la crisis, una amiga empresaria que atraviesa un difícil momento económico, exclamó un tanto indignada:

– “Ya está bien de compungirnos y atemorizarnos por la situación actual; la humanidad ha sufrido innumerables guerras, catástrofes naturales, epidemias, y, por supuesto, crisis, y de ésta saldremos también, con más o menos heridas y magulladuras pero estoy segura de que en el camino habremos aprendido muchas e importantes lecciones, así que os propongo que tratemos de la fuerza del optimismo ante cualquier situación”.

No sé si había preparado su apasionada intervención, pero desde luego tuvo la virtud de hacernos analizar, debatir y reflexionar sobre el optimismo como una actitud esencial ante la vida.

Al llegar a casa sentí la necesidad de profundizar sobre esta cuestión, así que, como siempre suelo hacer, consulté el diccionario que me dio una definición bastante sobria pero acertada: “El optimismo es la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”. En diversos libros de psicología encontré teorías realmente curiosas como que las personas optimistas no actúan impulsadas por el miedo al fracaso sino por la esperanza de tener éxito, consideran que los contratiempos se deben a circunstancias manejables antes que a fallos personales, viven los problemas como retos y creen en la propia capacidad de alcanzar metas.

Las emociones que suelen caracterizar a estas personas son la confianza, el buen humor, la esperanza, el entusiasmo, la alegría, la perseverancia…no se trata de que nieguen las dificultades que hay que sortear a lo largo de la existencia, ni de ingenuidad o falta de visión de la realidad, sino de asumir la vida sin caer en la desesperación, el miedo o la apatía frente a las adversidades, y están convencidas de que un error, por grave que sea, es un contratiempo pasajero.

Me llamó extraordinariamente la atención que algún estudio pusiera de manifiesto que el alumnado que obtiene mejores resultados académicos tiene una actitud positiva y optimista, y que, incluso, la recuperación tras una situación de enfermedad es más rápida.

Marianne Streuer cuenta la historia de un pueblo azotado por la sequía en el que se hicieron rogativas para que lloviera y a las que una niña acudió con un paraguas.

Existe, además, una extensísima información sobre aforismos y frases de personajes célebres:

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad” (W. Churchill)

“El optimista tiene siempre un proyecto, el pesimista una excusa”. (Anónimo)

Me acosté tarde ese día y el optimismo invadió mis sueños. Mi amiga llevaba razón, incluso para afrontar la crisis hay que tener ciertas dosis de optimismo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *